Estar en la cima de una rueda de Chicago, de esas que no son muy seguras, en donde un mal movimiento, te lleve al más allá, llena de ruidos extraños, y recorrido monótono, fue una de las mejores cosas que me pasó en éstos días.
Aún así, es lo único que te permite ver luces, colores, gente riéndose eufóricamente gracias a unos autitos chocadores, que capaz, se encuentren en la misma situación que la rueda, no será una montaña rusa, pero fue lo que una ciudad del interior del Paraguay me pudo ofrecer en éste fin de semana que pasó.
Todo desordenado, más que desaliñado, mucha suciedad, pero aún así, resultó ser increíblemente armonioso.

Tan armonioso, que era tan fuerte la necesidad de subir a esa rueda que no me importó que tácitamente me diga “muerte asegurada”.
Entre luces, colores, diseños extraños y gritos… Pensé en ciertas canciones que irían perfectas en esa situación, quizás, en ese momento en que la rueda para, y te quedás en la punta misma, simplemente observando.
Recreando un poco de cómo sonaban las músicas de los años 60, Edward Sharpe and The Magnetic Zeros, tocaron las puertas de mi cerebrito, mientras giraba ahí arriba.

Por Titi Benitez
La canción me transmite tantas cosas, pero quiero que ustedes la sientan, casi como la sentí yo, así que vayan en busca de una rueda de chicago y tengan la música en el ipod ![]()
La historia de ésta agrupación es bastante loca, así que sería bueno que la exploren un poquito más.
Buen lunes para todos! ![]()
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